Negros al agua

Fuente: El Mundo

Ángel F. Fermoselle. El Cuadrilátero.

En Europa nos quejamos de la crisis, de las carencias que provoca, de la terrible incertidumbre que genera. Mientras, ellos se matan, literalmente, por ser una pequeña parte de esa crisis, por tener las peores de esas carencias, por vivir inmersos en la angustia mayor de esa incertidumbre.

Estos días trágicos se han matado 13 personas víctimas de su ambición por huir de la miseria, y víctimas también del portazo en forma de alambrada acuchillada, de gases lacrimógenos, y de pelotas de goma, con el que los recibimos al aproximarse a nuestro territorio.

Eran inmigrantes pero, ¿quién no lo es? Todos venimos de algún lugar. Y eran, dicen, ilegales. Pero, ¿cómo puede un ser humano resultar ilegal en su propio planeta?

Un solo mundo es suficiente para todos nosotros“, canta Sting en “One world (not three)”. Jackson Browne no ha ido a la estratosfera como Felix Baumgartner, pero sí el protagonista de “It is one”: “Enviaron a un hombre al cielo/La luna y las estrellas fueron su cama/Vio el sol levantarse siete veces/y cuando volvió dijo/Es uno, es uno, un solo mundo alrededor del sol”.

Pero no: nos hemos empeñado en convertirlo en tres. Tal vez por eso surgen, también, tres grandes reflexiones. La primera se refiere a la Gran Tragedia: miles de personas que nacen en lugares donde no se puede vivir atraviesan miles de kilómetros de desiertos y Estrechos en las más penosas e inaguantables condiciones para convertirse, si tienen suerte, en la escoria de Europa.

La segunda demuestra que los que estamos en el lugar al que ellos quieren ir impedimos que lo logren con todo tipo de barreras, muros y alambres, y también con sofisticados y menos sofisticados elementos disuasorios, desde las cuchillas que cortan alas y esperanzas a los hirientes disparos intimidatorios. Supongo que si los disparos fueran reales, ya sería intolerable, intolerable de verdad: no lo toleraríamos. ¿O tal vez sí?

La tercera es: ¿qué derecho nos asiste? Podemos defender nuestros privilegios y negárselos a ellos, tal y como hacemos; podemos disfrutar de nuestro confortable espacio sin compartirlo con ellos, como hacemos. Pero, ¿podemos mirarlos a los ojos al mismo tiempo?

Nuestras desdichas europeas y nuestra desmejorada economía constituyen bendiciones y sueños, todo un tesoro, para muchos subsaharianos. Por eso, tantos de ellos no dudan en arriesgar lo único que tienen, su vida, a cambio de la opción, aunque sea mínima, de obtener una mejor. Una que sea, simplemente, digna de ser vivida.

Esta vez las muertes han sacudido nuestra conciencia en las proximidades de la frontera entre Ceuta y Marruecos. Con ellas se ahogaron también los sueños y las pesadillas de quienes guerreaban por un mínimo hueco en la Europa de sus espejismos, más que de sus sueños.

Cientos de subsaharianos intentaron entrar en Europa por Ceuta de varios modos y en varios puntos, siempre sin suerte, al ser frenados de forma contundente y por lo que se ve eficaz por la Guardia Civil.

Por último, se fueron a la playa.

Allí, desde la del Tarajal, los negros se lanzaron al agua y nadaron. Pero no lo suficiente.

 

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