Los vuelos de la vergüenza

Rubén Sánchez

Alí se iba a casar. Tras más de cinco años en territorio español ya había estabilizado su vida y ahora estaba a punto de dar un paso feliz. Como se había quedado en el paro, no le renovaron el permiso de residencia y ahora estaba en situación de irregularidad administrativa, pero esto quedaría automáticamente resuelto en cuanto se casara.

Para ello, tenía que hacer un trámite en Inmigración. Fue con su novia a las oficinas esperando que no le demoraran mucho tiempo. El funcionario que tomaba nota en el ordenador, dijo: “Aquí consta una orden de expulsión”. Rápidamente su novia contestó “Deme quince minutos para que venga con el abogado”. Cuando llegó de regreso le dijeron que su novio estaba ya rumbo a Madrid.

Al día siguiente, 5 de agosto, Alí salía en un avión rumbo a Dakar. Era un vuelo de deportación, uno de los conocidos como “vuelos de la vergüenza”.

El grupo Globalia tiene un contrato con el Estado Español y proporciona vuelos a través de Air Swift y Air Europa.

Por medio de redadas racistas la policía va elaborando listas de personas en situación de irregularidad administrativa y, cuando hay un vuelo programado, en el que van mayoritariamente los recluidos en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs), lo terminan de llenar con las personas de la lista.

Según testimonios de personas que han sido deportadas de esta manera, los que se resisten a ser deportados son drogados o golpeados e inmovilizados durante el vuelo o ya desde la detención. Es famoso el episodio en el que, para acallar el escándalo que supuso la primera vez que se supo que se drogaba a los pasajeros, el entonces presidente Aznar declaró “Había un problema y se ha solucionado”.

En cada vuelo van tantos policías como personas deportadas. Un compañero de Alí declaró que al llegar a Dakar que la policía sólo le dio veinte euros de los cincuenta que le correspondían. Esta calderilla es para que puedan llegar a su casa que puede estar, como en el caso de esta persona, a más de 300 kilómetros del aeropuerto.

Otro deportado en este mismo vuelo atestiguó que tuvo que acoger en su casa en Dakar a una persona deportada que no era de Senegal y que, lógicamente no tenía donde dormir ni sabía orientarse allí; tenía que proseguir un viaje internacional con veinte euros en el bolsillo.

El contrato de Air Europa y Air Swift firmaron con el Ministerio del Interior era por importe de 24 millones de euros.

Entre el 1 de enero y el 5 de julio de 2014, Frontex, la Agencia Europea para el Control de las Fronteras Exteriores (Frontex), ha organizado 21 vuelos especiales de deportación. Según la información difundida por la propia Agencia, estas deportaciones han tenido como destino países africanos (Nigeria y República Democrática del Congo), asiáticos (Pakistán), europeos (Macedonia, Serbia, Albania, Georgia, Kosovo, Bosnia Herzegovina) y americanos (Colombia y República Dominicana).

Alí y su novia no se pudieron casar; dos vidas rotas para que unos desaprensivos hagan negocio.

Podemos decir que es una vergüenza todo el procedimiento desde su base: se destroza la vida de personas ya integradas y además se hace por medios sórdidos, discriminatorios y violentos, saltándose los derechos humanos y, cómo no, con corrupción. Vuelos de la vergüenza.

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